Cinco veces más, Dionisio se conjuró en las tablas; en esta ocasión en el Teatro Arena José Antonio Galán, llamado también La Gallera, en la Universidad Industrial de Santander. En ese instante, en algún otro lugar del mundo, otros grupos estarían cumpliendo el mismo ritual, bebiendo el mismo trago de saliva frente a treinta, cien, quinientos, mil espectadores. Durante las cinco noches, cuando terminada la función, Dionisio engullía los aplausos, el teatro hacía parte de una gran constelación. En otros espacios del mundo, todos los días, actores, directores, técnicos y público le rinden tributo a Dionisio, y un foco de luz en lo alto se ilumina. En esta ocasión correspondió al Teatro UIS y su público llevar a cabo el ritual, las luces se iluminaron de nuevo bajo el techo estrellado a las siete de la noche, los días 14, 15, 16, 17 y 18 de diciembre; los actores, el gran grupo de acompañamiento y, por supuesto, su director, estaban con las pupilas palpitantes de deseo, decían, una vez más, "El show debe continuar" (Show must go on). La gente con sus refrescos aguardaban a la expectativa, se miraban unos a otros buscando algún rostro conocido, aguardaban la historia para identificarse, criticarla al mejor estilo bumangués o mirarse a sí mismos como sociedad y juzgar qué tan cerca están de la ficción. Cinco noches dedicadas a La Culebra Pico de Oro, Algo se pudre en la despensa, Viejos hospitales, Historias para ser contadas y Gorditas.
Un equipo aproximado de treinta personas se prepararon desde mucho tiempo en ensayos continuos para representar un poco de sí mismos, de ustedes, de mí. Para divertirse, razón primera de la actuación. Técnicos de iluminación prepararon las extensiones, participaron en el diseño del escenario, desempolvaron las luces porque éstas son una parte del carácter de una obra, a veces inclusive son un personaje. Técnicos audiovisuales ensayaron las pistas, participaron en ensayos generales, prepararon a sus pupilos para evitar percances de último momento. Técnicos de escenografía realizaron el diseño del escenario en el cual se basaron los técnicos de iluminación para su trabajo, buscaron la telonería suficiente, arreglaron algún desperfecto del inmobiliario y pensaron dulcemente en el mañana, porque el mañana es para ellos su grupo, sus obras, el profesionalismo del espectáculo. Asimismo, utileros y vestuaristas dieron toques a los implementos y trajes destinados para las obras, para conseguir en el público una proximidad con la realidad más allá de la ficción. Por último, las mentes sensatas del equipo ejecutivo y administrativo buscaron todos los medios posibles para hacer del ritual una realidad, cinco funciones consecutivas en cinco días, una vez más en Bucaramanga. Y al lado nuestro, como un amigo y jefe también, Omar Álvarez. Toda la lucha para conjurar a Dionisio, para convocar al teatro en nosotros y en todos. Las cinco historias están en un tiempo pasado o presente, un posible futuro; cada obra y personaje tienen un poco de cada ser humano; así se logra la magia de la actuación.
Bajo el techo de estrellas, el 14 de diciembre, Bucaramanga volvió al 7 y 8 de septiembre de 1879, al tiempo de La Culebra Pico de Oro; la historia tal y como está configurada por la dramaturga Clara Maritza Guerrero inicia con un vidrio roto en el almacén de Nicolás Ordóñez; pero la obra no cuenta sólo una historia de amor en época de conflicto; es el retrato de Bucaramanga en todas las caras donde pude verse una sociedad: en la economía, en el cambio de relación de trabajo con la llegada de los extranjeros. Cuando comerciantes, hacendados y terratenientes fortalecen su poderío, los artesanos y campesinos pierden su independencia y se convierten en empleados del más fuerte. Las relaciones de la iglesia, segundo poder al mando, su posición contra los radicales y extranjeros en vista de las amenazas por su posible derrocamiento del poder, sus filiaciones políticas con el grupo Conservador al mando desde Bogotá por Rafael Núñez. La situación social de la mujer; en tiempos de hombres, ella sólo tendrá la alternativa de ser madre, novicia y en muchos casos la solterona del pueblo; su función en el desarrollo económico de la región. Y una guerra que estalla por los intereses políticos y económicos encontrados entre artesanos representados por el Partido Independiente y los comerciantes con su lista propia en combate por el mando de la región.
El segundo día, 15 de diciembre, se presentó Algo se pudre en la despensa, veinticuatro horas después de la función anterior. Una noche desafortunada para cuatro ladrones; van en busca de un botín distinto, pero están atrapados por el azar en la despensa de un famoso político corrupto, atrapado también, absurda coincidencia. Vemos los retratos de estos personajes en las páginas de las revistas, en la caminata de un transeúnte desprevenido a las nueve de la noche, o en algún engaño pasional de las altas y bajas esferas de la sociedad. ¿Cuál es el final de la comedia? En el transcurso de los sucesos el público estaba de parte del uno, del otro, esperando el momento en que ese infeliz ladrón de mujeres quedara al descubierto, con el deseo de ver al Chorizo llevándose, por lo menos, una lata de conservas, se reían del infortunio, se preocupaban por el momento en el que alguno de ellos desenfundara su arma, quizás Andrés Ernesto Pastrer. Comedia adaptada por Elvert Sotomonte para nuestro acercamiento a la Colombia fundada en la necesidad y la politiquería.
Dionisio estaba ahíto, pero, él sufre de gula, la cena no había terminado, quedaba un poco allá abajo. El 16 de diciembre Dionisio recibiría el ritual invocado desde el Prólogo por once actores, para contar al público tres Historias para ser contadas, escritas por Osvaldo Dragún. Tres absurdos tan comunes en el trabajador colombiano visto como mercancía, objeto; valores éticos transformados por la necesidad, por la supervivencia dentro de la cadena alimenticia. Primero, un vendedor ambulante de la 35 con 19 aguanta el absceso de una muela para sobrevivir a su mujer y la necesidad primaria. Segundo, un hombre deseoso de trabajar a cualquier precio para alcanzar la estabilidad económica tan anhelada en su relación de pareja. Tercero, un pobre infeliz rodeado de cuatro chiquillos hambrientos, su mujer y sueños frustrados de ingeniero se las ingenia para recibir los prometidos cinco millones de pesos de la Corporación Transoceánica de Carnes. Es todavía más absurdo pero son tres comedias, comedias de humor negro.
Para el 17 de diciembre quizás esperaban otra comedia, pero la iluminación del escenario, las tres bancas solitarias, la valla en el foro, un mendigo en la esquina eran el indicio de una queja empapada de lágrimas. No se preocupen, nosotros también lloramos; aunque la función se repita en los ensayos, siempre es el mismo dolor por los otros. En Viejos hospitales, de Alejandro Finzi, tres mujeres representan una estadística en la realidad colombiana, son el presente y también el pasado de un sistema en el que la prioridad no es el bienestar sino el cumplimiento de un formato burocrático. Ellas aguantan de madrugada en una banca frente a un hospital distinto, esperan la pronta recuperación de sus hijos y que ojalá nada sea tan grave como para abandonarlos un día en el hospital. A su lado un mendigo espera el primer rayo de luz para recomenzar la ronda por la ciudad. La madrugada transcurre en la esperanza interminable del primer turno, son sólo diez, y de la paciencia de los niños y sus madres pende el tiempo en que la muerte querrá asomarse.
Por último una luz gorda y fofa subió hasta uno de los focos del cielo para dejar saciado a Dionisio. Los prototipos de vida, estética, sexualidad y género cambian. Gorditas es el espejo fiel de la crisis de la mujer contemporánea. Su participación activa en la sociedad implica varios sacrificios por parte de algunas mujeres en la Historia. Amelia Earhart con su recorrido alrededor al mundo representa a varias de ellas y aparece como tema de fondo de la pieza. Sin embargo, todo tiene su límite y la mujer que quiere sobrevivir y obtener un nivel de vida satisfactorio acorde con sus ambiciones engaña, traiciona y plagia, se mutila para ser lo que la sociedad ha dicho que sea, para ser más que los otros. Gustavo Ott es quien retrata a la mujer gorda frente al espejo, la belleza interior es sólo un accesorio. Ganar bien, ser la más sobresaliente, el confort, una silueta diminuta, casa, esposo y perro son la moda en la sociedad del ruido y el espectáculo.
Cinco veces más Dionisio desde arriba nos vio, un teatro redondo llamado por algunos la Gallera, bautizado en honor de José Antonio Galán, es otro lugar del mundo donde los aplausos sucedieron; bebimos el Teatro en nombre de Dionisio, dulce jugo esparcido sobre las tablas, una gran constelación de focos acompañó el espectáculo.